miércoles, 29 de octubre de 2014

LA TRINCHERA
Sin apenas esfuerzo y sin necesidad de apelar a la imaginación, puede advertirse el distinto color de la tierra removida: una línea ancha, como una sutura en el monte, que quiebra hacia un lado y luego a otro, hasta perderse en la espesura del bosque bajo. Si se presta atención, lo primero que se aprecia es su forma intencionada, ajena a la natural espontaneidad del bosque. Es un lugar poco amable y difícil de acceder, atravesado por angostos vallezuelos y escarpadas colinas, cubiertas hasta mitad de ladera por árboles tan raquíticos que a duras penas producen una sombra suficiente a la que acogerse; un lugar, por cierto, en el que muy poca gente se atrevería a adentrarse sin una justificada razón. Si no fuera porque alguien se preocupó alguna vez de vaciar la tierra que la colmataba, la trinchera pasaría desapercibida entre las aliagas, la coscoja y las piedras que, de una manera u otra, fueron a parar a su seno, como la costra de una gran cicatriz.
Eso es: una cicatriz, el resto de una herida cuyos bordes nunca acabaron de cerrarse, una divisoria entre la razón y la locura, entre el entendimiento y la incomprensión, entre el sueño y la vigilia, un umbral perpetuo entre la noche y el día que ni siquiera el crepúsculo confunde. A un borde, una idea, al otro borde, otra idea, y en el medio, en el fondo del foso: el polvo, los insectos, el olor de los cuerpos palpitantes, envueltos en la aspereza de las mantas de soldado. Y el tiempo diluido, un tiempo de amaneceres, de cielos rasos, de noches oscuras en las que, de vez en cuando, una repentina ráfaga traza una luminosa estela que se antoja incluso hermosa.
Después de muchos veranos, cuando el olvido ha mitigado la cólera hasta convertirla en un rescoldo sin sentido, las lluvias torrenciales arrastran consigo la tierra en precario equilibrio y, como un vestido que se desliza hasta el suelo, se derrama sobre la trinchera en un extraño empeño por borrar la huella de su existencia. Cuenta la gente de más edad que, algunas veces, junto a los derrubios amontonados a los bordes, las cabezas blanquecinas de los huesos asoman como los cantos rodados de cuarzo que  los ríos abandonan en las riberas de sus cauces.

Parece ser que uno de esos viejos solitarios que conoce bien la zona tiene por costumbre recorrer un par de veces al mes la pista de tierra que lleva del pueblo al monte. Al salir de su casa, se cubre con una gorra muy gastada, saca una pala del cobertizo y se ata un saco de arpillera al cinturón. Una vez allí, se entretiene durante toda la mañana en vaciar de tierra y piedras el fondo de la trinchera, luego recoge los huesos, los mete en el saco y los lleva a un osario donde los guarda con un nombre cualquiera, con unos apellidos cualquiera y con un lugar de procedencia que podría ser Bocairente, o Lugones, o Madrid o Cervera de Pisuerga. Muchos se interesan por él y, cuando le preguntan en qué frente luchó, el viejo hace como que no entiende, dirige la vista al suelo, agita la cabeza y contesta: “todavía quedan muchos huesos”, antes de proseguir su camino. 

jueves, 24 de julio de 2014

A few decades ago I saw a TV series called "Silk Road". This series was a TV programme coproduced by CCTV (Chinese TV) and HSK (Japan TV)
I remember I was very astonished because of landscapes, music, ancient art and people. To me, it was amazing to discover that desert could be so interesting, so nice and wonderful.
Since then, I studied a lot; History, Archaeology, Pu Tong Hua, english in order to try understanding that culture.
At last, I have wrote this novel. Unfortunately, it has been written in spanish language but, if possible, in the future, I will try to translate it in english language.
Anyway, here you are the story in the History; a novel about Xinjiang Uyghur, China, adventure, women, love, pain,truth and lies.

martes, 22 de julio de 2014

   Tarim es un desierto desconocido, no solo porque pertenece a China, hasta ahora tan hermética y cerrada sobre sí misma. La cuenca del río Tarim se enmarca dentro de la Región Autónoma de Xinjiang Uyghur y, aun formando parte de China, muestra unas características tan peculiares en su Historia como en sus gentes.
     "Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo", dijo Antoine de Saint Exupèry. Utilizando sus palabras, animo a conocer esa tierra, a sus gentes, a Darío y a Melek y a sus historias pequeñas, enormes y universales. Invito a intercambiar opiniones, sugerencias y cualquier cosa que pueda parecer un pozo oculto en el desierto.